En Barracas, cinco edificios alrededor de un nuevo pasaje urbano con una antigua chimenea

Canvas, de Carla Bechelli Arquitectos y estudio BMA, se levanta en los terrenos de una exfábrica de heladeras, en el corazón de Barracas.

“Me gusta contar una historia a través del proyecto, para que así la gente se conecte con el sitio”, dice Carla Bechelli. Esa intención se refleja en Canvas, el complejo de viviendas que su estudio está levantando en Barracas junto a la desarrolladora Newland. 

Se trata de un conjunto inusual, con cinco bloques articulados a partir de un pasaje semipúblico. En esta calle interior se yergue una chimenea de ladrillos que perteneció a una fábrica de heladeras que estaba en el sitio.

“En la fase inicial de los proyectos hacemos una investigación para comprender la identidad del lugar, en referencia a su paisaje, su cultura, su historia y sus raíces. Nos interesa moldear estos elementos y fusionarlos para crear una arquitectura de presencia atemporal”, explica.

Canvas posee 115 departamentos y nació a partir de la unión de tres terrenos ubicados sobre Avenida Suárez, a metros de Montes de Oca y muy cerca de Plaza Colombia. Además de Carla Bechelli arquitectos, participó del anteproyecto el estudio BMA.

Cómo consolidar la manzana

Este equipo multidisciplinario se planteó la idea de completar el tejido urbano existente, consolidar la manzana y generar a su vez (con el pasaje) un espacio de uso diurno para disfrute del barrio.

Cuenta Martín Bodas que junto con Bechelli trabajaron la idea de partido, enfrentando el desafío de consolidar una manzana con un tejido bastante particular.

“De alguna manera empezamos diseñando una pieza urbana. Modelamos la manzana, modelamos las volumetrías de los edificios existentes y, a partir de eso imaginamos cuál sería la pieza para poder regularizar y trabajar el completamiento de ese tejido. Ahí surge un proyecto bastante particular, donde el espacio privado participa del espacio público y, viceversa”, explica.

En Canvas, la referencia al pasado industrial del barrio se materializa a través de la conservación y puesta en valor de la chimenea, que además de referir a la historia se constituye como ícono del nuevo complejo.

En tanto, la paz y la tranquilidad de la escala de Barracas aparece en la propuesta del pasaje urbano, ya que se accede a los edificios desde esta calle, lejos del tránsito de la Avenida Suárez, sobre la que se implanta el complejo.

El “gran amenity” del proyecto, dicen sus responsables, es este pasaje que se ofrece como nuevo espacio social, de encuentro e intercambio entre vecinos. Los cinco bloques y sus accesos se distribuyen a su alrededor, otorgando dinamismo a la planta baja, donde se ubican seis locales, dos de ellos con entrada independiente sobre el frente.

“Por otra parte -prosigue Bechelli- es mucho más lindo ingresar desde el pasaje, donde habrá parquización y cafecitos, que desde el tránsito de la Avenida”.

Uno de los edificios, solo con amenities

Según Martín Bodas, lo que se buscó “es tamizar todas las medianeras de la manzana con distintos volúmenes, abriendo un recorrido con esta suerte de plaza central que ofrece ademas los accesos a todas las unidades”. Cuatro de los edificios son residenciales, con unidades de varias tipologías. El quinto bloque, llamado “club de amenities”, posee cuatro niveles (gimnasio, sum, sum para adultos y terraza verde con solarium y pileta de 18 m).

Bechelli explica que la decisión de concentrar los amenities se debe a que de este modo se encuentran en el lugar más tranquilo, hacia el fondo del terreno, y con la pileta en el lugar de mayor asoleamiento.

Por otra parte, los diferentes módulos arquitectónicos debían encauzarse con esas intenciones, logrando a su vez que los núcleos y espacios de las unidades tuvieran gran calidad espacial.

Después de varias pruebas con distintas ubicaciones, surgió la idea de separar los bloques para lograr una mayor diferenciación, pensando los vacíos como elementos esenciales de articulación modular a partir de los accesos para tener la menor interrupción en el recorrido del pasaje.

De este modo se consigue dotar de pureza formal a los edificios, cosa que se enfatiza con el armado de un zócalo de locales comerciales.

Las cuatro torres se diferencian tanto en su volumetría como por sus distintas tipologías y su ubicación relativa dentro del pasaje.

Sobre el frente y enrasando con las medianeras, se encuentran las torres María y Los Olivos. La primera, de 15 pisos, tiene unidades de hasta 90 m2, algunas unificables, de gran perímetro vidriado que proporciona vistas únicas a la ciudad y al río; más un rooftop con terraza de uso exclusivo. Su nombre, María, se inspira en la primera dueña de estos terrenos, en época de carretas y casas coloniales.

En tanto, Los Olivos -así llamada debido a que hace 200 años era tierra de olivares- posee 10 pisos y es la que tiene la mayor extensión perimetral, ya que se adentra 30 m en el pasaje. Desde sus unidades, de hasta 120 m2, se disfruta de increíbles visuales del atardecer.

La torre Felicitas, de cinco pisos, se ubica en el fondo del terreno y alberga residencias premium de hasta 180 m2, con amplias terrazas y ambientes con gran calidad.

Por último, la torre Lucía busca crear comunidad con espacios flexibles y unidades que no superan los 70 m2, posibles de unificarse.

El objetivo fue brindar espacios para coworking, adaptables a necesidades futuras. Su nombre remeda a la pulpera de Santa Lucía, cuyo negocio fue antiguamente parte del barrio de Barracas.

Aunque hay algunas cocheras en planta baja, el estacionamiento principal de Canvas se ubica en el subsuelo, con una capacidad para unos 90 autos.

“Logramos un proyecto que cose la historia del barrio y se proyecta a futuro con un diseño innovador”, asegura Bechelli.

“La chimenea, con su majestuosa presencia -concluye la arquitecta-, lo convierte en un hito urbano, le da un simbolismo que lo hace icónico. El pasaje, como intervención urbana de sociabilización y encuentro, se abre a la comunidad y transmite la magia de la escala barrial que aún conserva Barracas.”